La primera motocicleta que se autorecargaba solo con energía solar llegó de la mano de Mask Architects, un proyecto que redefinió la autonomía y el diseño en el mundo de las dos ruedas.

La revolucionaria Solaris, creada por el estudio internacional Mask Architects, se presentó como la primera moto solar del mundo capaz de autorecargarse y operar sin depender de ningún sistema de carga tradicional. El proyecto, firmado por los diseñadores Öznur P?nar Cer y Danilo Petta, demostró que la movilidad podía evolucionar hacia un modelo completamente autosostenible sin renunciar al diseño ni al rendimiento.
Desde su presentación, Solaris llamó la atención por integrar un concepto que iba más allá de una motocicleta eléctrica. El diseño combinaba innovación, ingeniería avanzada y una filosofía clara: crear vehículos capaces de generar su propia energía en cualquier momento y lugar. Esa visión reflejó el enfoque integral de Mask Architects, cuyo trabajo abarca arquitectura, diseño industrial, mecánica y transporte.

Uno de sus elementos más disruptivos fueron las alas fotovoltaicas retráctiles, que se desplegaban para formar un panel solar circular. Este sistema captaba, concentraba y convertía la luz solar en energía eléctrica, almacenada luego en baterías de litio de alta capacidad. Cuando la moto quedaba estacionada, literalmente se transformaba en su propia estación de carga.
La estética también jugó un papel clave. Solaris adoptó un diseño biomimético inspirado en la anatomía de un leopardo. Su geometría alargada, el chasis robusto y la postura inclinada lograban transmitir una sensación orgánica, casi viva, además de mejorar la aerodinámica y la estabilidad. Esta fusión entre biología y mecánica se convirtió en la firma visual del proyecto.

En el terreno técnico, la moto integraba un motor eléctrico de alto par, un sistema de frenado regenerativo y un chasis ultraligero construido en aluminio y carbono. Todo esto se gestionaba desde un cuadro de mandos completamente digital y un sistema inteligente encargado de administrar la energía solar para garantizar la mayor autonomía posible.
Su funcionamiento exclusivamente solar no solo eliminaba por completo las emisiones contaminantes, sino que también reducía el ruido operativo, convirtiéndola en una alternativa ideal para zonas naturales, comunidades rurales o países con infraestructura limitada. Solaris evidenció que la movilidad sostenible podía ir más allá del enchufe y convertir la energía del sol en independencia total.




