
El verano pone a prueba tanto al motociclista como a la mecánica. Las altas temperaturas, el tráfico pesado y los recorridos largos pueden provocar que el motor trabaje por encima de lo normal, aumentando el riesgo de sobrecalentamiento. Sin embargo, con algunos cuidados básicos y hábitos de conducción adecuados, es posible mantener la moto en buen estado incluso en los días más calurosos.

Uno de los puntos clave es el sistema de refrigeración. En motos refrigeradas por líquido, es fundamental revisar el nivel y el estado del refrigerante, asegurándose de que esté limpio y en la proporción correcta. En el caso de motos refrigeradas por aire, mantener las aletas del motor limpias y libres de suciedad ayuda a una mejor disipación del calor.

El aceite del motor es otro gran aliado contra el calor. Utilizar el aceite recomendado por el fabricante y respetar los intervalos de cambio garantiza una lubricación adecuada y ayuda a controlar la temperatura interna del motor. Un aceite viejo o de mala calidad pierde sus propiedades y hace que el propulsor trabaje con mayor fricción, elevando el calor innecesariamente.

La forma de conducir también influye. En verano, conviene evitar aceleraciones bruscas y mantener el motor a un régimen estable, especialmente en ciudad. En atascos prolongados, apagar la moto si la detención va a ser larga puede marcar la diferencia. En carretera, planificar paradas para que el motor descanse y se enfríe es una buena práctica, tanto para la mecánica como para el piloto.
Otro aspecto muchas veces olvidado es la limpieza general de la moto. Radiadores obstruidos por polvo, insectos o barro reducen la capacidad de enfriamiento. Una limpieza periódica, sobre todo después de viajes largos o rutas por zonas polvorientas, ayuda a que el sistema de refrigeración trabaje de manera eficiente.

Finalmente, prestar atención a las señales de alerta es clave. Si la moto muestra testigos de temperatura, pérdida de potencia o un olor inusual, lo mejor es detenerse y dejar enfriar el motor. Forzarlo puede provocar daños graves y costosos. En verano, cuidar la temperatura del motor no solo alarga la vida de la moto, sino que garantiza viajes más seguros y tranquilos.



