Una startup francesa ha desarrollado un sistema de climatización activa para motociclistas que promete mantener el cuerpo a la temperatura ideal sin importar si se rueda bajo un sol extremo o en pleno invierno.
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En la historia del equipamiento motero han surgido múltiples prendas técnicas para combatir el frío o el calor, pero el desafío de regular la temperatura corporal en cualquier clima seguía pendiente. Esa brecha busca cerrarla la firma francesa Chill Ride, que presentó un innovador chaleco de climatización activa capaz de enfriar o calentar al piloto según la necesidad del trayecto.
A diferencia de los chalecos calefactables tradicionales basados en hilos radiantes, el sistema de Chill Ride emplea un circuito cerrado de líquido caloportador —una mezcla de agua y glicol, similar al refrigerante del radiador— que circula por el chaleco denominado Thermo-Vest. El corazón del conjunto es un módulo compacto llamado Thermo-One, anclado a la moto y conectado al chaleco mediante una manguera flexible.

Este módulo utiliza tecnología termoeléctrica basada en el efecto Peltier, capaz de enfriar o calentar el fluido que llega al chaleco. Según sus especificaciones técnicas, el sistema permite regular la temperatura entre –15 °C y 36 °C, con seis niveles de ajuste, ofreciendo confort térmico tanto en rutas desérticas como en puertos de montaña invernales.
Desde el punto de vista del diseño, el chaleco destaca por su delgadez y ligereza, ya que no integra baterías internas y puede usarse bajo una chaqueta técnica o un mono de cuero sin afectar la movilidad del piloto. Por su parte, la unidad Thermo-One mide apenas 32 x 29 x 6 cm y se instala sobre la parrilla trasera, permitiendo incluso montar un top case encima, lo que lo convierte en un sistema práctico para el uso diario y el turismo de larga distancia.

En materia de seguridad, la conexión entre la unidad y el chaleco se realiza mediante un tubo con conector hidráulico de liberación rápida, similar al de una manguera de riego. En caso de caída o si el piloto olvida desconectarlo al bajarse de la moto, el sistema se desacopla automáticamente sin riesgo para el usuario ni para el circuito interno.
El control de temperatura se gestiona mediante un pequeño mando de dos botones instalado en el manillar, con batería recargable de larga duración (hasta seis meses). El consumo eléctrico del sistema se sitúa entre 50 y 70 vatios, compatible con la mayoría de alternadores modernos sin comprometer el sistema eléctrico de la motocicleta.
Con un peso aproximado de solo dos kilos, Chill Ride no ha inventado la climatización, pero sí ha logrado miniaturizar un intercambiador de calor resistente a vibraciones e intemperie. Una solución pensada para el rutero y para quienes usan la moto a diario, que buscan eficiencia térmica sin recurrir a múltiples capas de ropa ni a soluciones incómodas.



