Joel Jiménez, vocero de Kawasaki, analiza los avances en infraestructura y la urgencia de construir un sistema de transporte verdaderamente intermodal.

La expansión del Metro de Lima, la llegada de nuevos trenes hacia Chosica, la modernización del aeropuerto Jorge Chávez y la implementación de más de 330 kilómetros de ciclovías son señales de que la capital avanza en materia de infraestructura de transporte. No obstante, estos desarrollos también ponen sobre la mesa una pregunta crucial: ¿estamos caminando hacia un sistema de transporte realmente integrado y centrado en las necesidades del ciudadano?

“Contamos con iniciativas importantes en marcha, pero aún nos falta articularlas bajo una visión única que permita a los ciudadanos desplazarse de forma eficiente, segura y sin depender de un solo medio de transporte”, sostiene Joel Jiménez, gerente de Kawasaki del Grupo Crosland.
Una ciudad intermodal: la tarea pendiente
Según datos de la ONG Luz Ámbar, el limeño promedio invierte más de dos horas y media al día solo para movilizarse. A pesar de los esfuerzos por mejorar el sistema formal, el transporte en Lima sigue dominado por la informalidad. Combis, coasters y mototaxis representan un 83.5% de la preferencia de los usuarios, de acuerdo con el informe de Lima Cómo Vamos.
Sin embargo, cada vez más ciudadanos diversifican sus medios de transporte. La caminata encabeza con un 42.3%, seguida por el uso del auto propio (12.1%), aplicaciones de taxi (8.6%), bicicleta (4.6%), taxi tradicional (4.2%) y motocicleta propia (3.8%).

“Las ciudades más eficientes no son necesariamente las que más trenes tienen, sino aquellas que permiten al usuario conectar fácilmente diferentes modos de transporte. Ese es el gran reto de Lima”, afirma Jiménez. Para ello, añade, es clave habilitar infraestructura que facilite las transiciones: paraderos adecuados para motos, estacionamientos seguros para bicicletas o rutas accesibles para completar el último tramo del trayecto.
Movilidad ligera: un aliado estratégico
En ese contexto, la movilidad personal ligera –como las motos, bicicletas eléctricas y scooters– se posiciona como un complemento clave para cerrar brechas y conectar con zonas donde el transporte masivo aún no llega. Lejos de ser una solución aislada, estos vehículos representan una pieza estratégica para lograr una ciudad verdaderamente intermodal.

Los números confirman esta tendencia. Según la Asociación Automotriz del Perú, en abril de 2025 se vendieron más de 34,000 vehículos menores, lo que representa un crecimiento del 8% respecto al mismo mes de 2024. De enero a abril, se comercializaron más de 130,000 unidades (un alza de 18.9%), lideradas por las motocicletas, con 91,921 unidades (19.5% más que el año pasado), seguidas por las trimotos, con 38,676 unidades (17.4% de crecimiento).
“Este crecimiento refleja una demanda real, pero también la necesidad de acompañarla con regulación, educación vial e infraestructura adecuada. Además, la movilidad eléctrica continúa ganando terreno, no solo por su sostenibilidad, sino por su eficiencia operativa”, agrega Jiménez.
La meta: un sistema conectado y centrado en las personas
Para el vocero de Kawasaki, el verdadero desafío no es solo construir más infraestructura, sino lograr que todos los componentes –trenes, buses, ciclovías y vehículos personales– funcionen de forma integrada. “Tenemos una oportunidad valiosa: conectar lo ya construido con nuevas soluciones. Solo así podremos hablar de una movilidad pensada para todos. La apuesta es clara: impulsar un ecosistema de transporte más ágil, inclusivo y adaptado a las verdaderas necesidades del ciudadano”, concluye.



